Por intentar hacer las cosas bien, ¡terminó todo en un desastre!


Hace unos años, un amigo compró un lote de potrillos de un año y medio que estaban bastante desnutridos.

Por esas cuestiones de la vida, el dueño no podía ir a verlos muy a menudo y el encargado del campo donde se hallaban, no los alimentó como era debido.

Conclusión, esos potrillos y potrancas que estaban cerca de cumplir los dos años, parecían animales de uno.

Como sería la situación, que pudo cargar a los cinco equinos en la caja de una vieja camioneta Chevrolet C-10 de camino a su nuevo hogar,

Lo primero que hizo al llegar fue desparasitarlos.

Lo segundo, fue comenzar a darles de comer a discreción.

Por Dios, que hambre atrasada tenían esos bichos.

Parecían salidos de Etiopía.

Con el correr de los meses, fueron echando cuerpo y adquiriendo mejor estado físico.

PERO, porque toda historia tiene uno, al poco tiempo empezamos a notar que uno de ellos, el más fuerte, comenzó a tener una retracción de los tendones flexores de las manos, muy marcada.

Casi no podía pararse solo y caminar.

Al tiempo, otros empezaron a seguir por la misma senda.

Para hacerla corta, seis meses después de comenzar esta odisea, no había potrillo que tuviera alguna utilidad.

Los que no estaban deformados habían muerto, quizás por sobrecarga.

¿Qué es lo que había sucedido?

Pues, que al comenzar a crecer muy rápido, ocasionó un desbalance entre el crecimiento de los huesos y los músculos que desembocó en estas deformaciones.

Tarde aprendimos que hubiera sido mejor, dar de comer de manera más pausada y paulatina, y no querer remediar un error con otro.

Espero que esta historia te sirva de lección, y si tienes alguna duda, podrás acceder (por una módica suma) al consultorio virtual, y con gusto te responderé.

Hasta la semana que viene.

Abel F. Bacigalupe 

Especialista en Educación Universitaria con Orientación en Ciencias Biológicas y Veterinarias